1º ESO D - grupo AZUL

Integrado por:

- Paula M. P

- Sergio G. C

- Miguel S

- Carlos O. SU

- Milene D

P: PORTAVOZ, S: SECRETARIO, SU: SUPERVISOR, C: COORDINADOR, D: DINAMIZADOR

LA SIRENA Y EL PESCADOR

Sobre el 900 a.C., en el río Cabriel, subían corriente arriba sirenas y tritones. La gente que vivia por las orillas del río estaba muy contenta, ya que era el único río de toda España que contaba con estas criaturas. Pero como todo lo bueno, hay algo malo. Hay unas zonas en la que el Cabriel está depositando algunos sedimentos como ramas, la tierra más pesada, etc. En esa zona vivía un pescador, pero no un pescador normal, sino un cruel pescador, al que el río le quitó a su hijo.

Este todos los días lleno de rabia iba al río y tiraba su caña. Sobre las 7 de la tarde cuando las sirenas subían río arriba, el pescador lanzaba su caña y dañaba a las sirenas y tritones que al pasar se quedaban enganchados al anzuelo.

Carla que era una pequeña sirena estaba muy contenta, (era la primera vez que subía río arriba). Ella por primera vez iba a ver al sapillo pintojo y nadar con sus renacuajos. Pero mientras que iba pensando en su viaje, notó un pequeño estirón.

Arriba en la barca el pescador mostró una sonrisa maligna y siniestra. A continuación, sacó a la sirena, le puso una bolsa en la cabeza y la llevó a una cueva del Eremitorio de Villatoya.

La pequeña sirena, se despertó y notó que no tenía la cola, se quitó el saco y se dio cuenta de que en vez de cola tenía piernas, pero no tuvo mucho tiempo porque se oía al pescador afilando cuchillos. La sirena salió del eremitorio y empezó a correr. Pasadas unas horas llegó a una casa; en ella vivía un mulero que la acogió, le dio de comer y la sirena la contó su problema. Entonces el mulero decidió ayudarla.

El mulero era un buen hombre, tenía unos brazos robustos y se sabía el camino al estanque de los sapillos. Como la sirena no sabía andar bien, entonces el mulero la sentó en Esteban, su burrito. Tras estar unos días caminando llegaron a la charca de los sapillos, cuando llegaron Carla vio a sus padres, nadó con los sapillos y cuando se iban a ir apareció una silueta. Era el pescador, con un arpón le sobró para atravesar el pecho a la pequeña sirena y matarla. Los tritones y sirenas huyeron y nunca más volvieron por el río Cabriel.

FIN

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